.jpg)
¿Se te han doblado los bordes de mis fotografías?
¿Se han puesto amarillas las hojas de los poemas que te escribí?
¿Viste mi silueta dibujada en una nube?
¿Alisaste la almohada anhelando mi huella?
¿Te pusiste mi camiseta pensando que entrabas en mi?
¿Dejaste en la copa de vino la marca de mi carmín?
¿Deseaste que el tiempo que pasamos juntos lo contara un reloj de arena parado?
No me respondas ahora, ni nunca mi amor. Quiero verte dormir así, tendido y desnudo siempre junto a mí.
¿Se han puesto amarillas las hojas de los poemas que te escribí?
¿Viste mi silueta dibujada en una nube?
¿Alisaste la almohada anhelando mi huella?
¿Te pusiste mi camiseta pensando que entrabas en mi?
¿Dejaste en la copa de vino la marca de mi carmín?
¿Deseaste que el tiempo que pasamos juntos lo contara un reloj de arena parado?
No me respondas ahora, ni nunca mi amor. Quiero verte dormir así, tendido y desnudo siempre junto a mí.
Algo parecido debió decirle Selene a Endimión.
Endimión era hijo de Zeus y de la ninfa Cálice , por lo tanto mortal. Su vida cambió por completo el día que Selene, la diosa Luna, lo conoció. Al contemplar a aquel durmiente desnudo en un agreste paraje cercano a Mileto, ella quedó tan turbada ante su belleza, que muy pronto se acostumbró a yacer con el joven todas las noches en una cueva del monte Latmos. Pero como sabía que él era mortal y su belleza no sería eterna y era tanta su pasión hacia él, sólo se le ocurrió una cosa: besarlo y así le concedería la inmortalidad. Aquella solución tenía una parte negativa, y es que el mozo permanecería eternamente dormido aunque de ese modo la lozanía y el vigor de su juventud quedasen inalterables para siempre.
Varias versiones os traigo, todas ellas cálidas después de mi viaje frío. La primera es de Girodet, en ella se pone de manifiesto la transición entre el Neoclasicismo y el Romanticismo en una época aún temprana (1791). La precisión en el dibujo y el tratamiento escultórico de los cuerpos son sensacionales. En ella los principales protagonistas son el tratamiento de la luz y el erotismo. La torsión del cuerpo de Endimión nos invita a poseerlo una vez más, sin tregua. Se establece una auténtica unión entre los amantes en forma de rayo de luz. En la obra de John Atkinson Grimshaw. "Endimión en el Monte Latmos", el simbolismo es claro. Una diosa adelgazada hasta la extenuación, casi convertida en hada o en Campanilla contempla arrobada a su amado, ajeno a la pasión que se derrama sobre él.
La última que os muestro es de Gerard de Lairesse, artista holandés barroco que lejos está de la sensualidad de Rubens. En un fondo pasteloso se recorta Selene que parece más la madre del muchacho que su amante
Otra imagen que os traigo para deleitar las miradas, sobre todo las masculinas, es "Evening Mood" de William Bouguereau . Que os aproveche y Felices Fiestas, para quien las tenga.
Endimión era hijo de Zeus y de la ninfa Cálice , por lo tanto mortal. Su vida cambió por completo el día que Selene, la diosa Luna, lo conoció. Al contemplar a aquel durmiente desnudo en un agreste paraje cercano a Mileto, ella quedó tan turbada ante su belleza, que muy pronto se acostumbró a yacer con el joven todas las noches en una cueva del monte Latmos. Pero como sabía que él era mortal y su belleza no sería eterna y era tanta su pasión hacia él, sólo se le ocurrió una cosa: besarlo y así le concedería la inmortalidad. Aquella solución tenía una parte negativa, y es que el mozo permanecería eternamente dormido aunque de ese modo la lozanía y el vigor de su juventud quedasen inalterables para siempre.
Varias versiones os traigo, todas ellas cálidas después de mi viaje frío. La primera es de Girodet, en ella se pone de manifiesto la transición entre el Neoclasicismo y el Romanticismo en una época aún temprana (1791). La precisión en el dibujo y el tratamiento escultórico de los cuerpos son sensacionales. En ella los principales protagonistas son el tratamiento de la luz y el erotismo. La torsión del cuerpo de Endimión nos invita a poseerlo una vez más, sin tregua. Se establece una auténtica unión entre los amantes en forma de rayo de luz. En la obra de John Atkinson Grimshaw. "Endimión en el Monte Latmos", el simbolismo es claro. Una diosa adelgazada hasta la extenuación, casi convertida en hada o en Campanilla contempla arrobada a su amado, ajeno a la pasión que se derrama sobre él.
La última que os muestro es de Gerard de Lairesse, artista holandés barroco que lejos está de la sensualidad de Rubens. En un fondo pasteloso se recorta Selene que parece más la madre del muchacho que su amante
Otra imagen que os traigo para deleitar las miradas, sobre todo las masculinas, es "Evening Mood" de William Bouguereau . Que os aproveche y Felices Fiestas, para quien las tenga.
Endimión en Latmos
Yo dormía en la cumbre y era hermoso
mi cuerpo, que los años han gastado.
Alto en la noche helénica, el centauro
demoraba su cuádruple carrera
para atisbar mi sueño. Me placía
dormir para soñar y para el otro
sueño lustral que elude la memoria
y que nos purifica del gravamen
de ser aquel que somos en la tierra.
Diana, la diosa que es también la luna,
me veía dormir en la montaña
y lentamente descendió a mis brazos
oro y amor en la encendida noche.
Yo apretaba los párpados mortales,
yo quería no ver el rostro bello
que mis labios de polvo profanaban.
yo aspiré la fragancia de la luna
y su infinita voz dijo mi nombre.
Oh las puras mejillas que se buscan,
oh ríos del amor y de la noche,
oh el beso humano y la tensión del arco.
No sé cuánto duraron mis venturas;
hay cosas que no miden los racimos
ni la flor ni la nieve delicada.
La gente me rehuye. Le da miedo
el hombre que fue amado por la luna.
Los años han pasado. Una zozobra
da horror a mi vigilia. Me pregunto
si aquel tumulto de oro en la montaña
fue verdadero o no fue más que un sueño.
Inútil repetirme que el recuerdo
de ayer un sueño son la misma cosa.
Mi soledad recorre los comunes
caminos de la tierra, pero siempre
busco en la antigua noche de los númenes
la indiferente luna, hija de Zeus.
Jorge Luis Borges
Jorge Luis Borges