
Llevo poco tiempo en este mundo interespacial. A veces me parece cosa de magia. He descubierto tantas páginas que me interesan y que visito casi a diario que ahora, sin proponérmelo, forman, formáis parte de mi vida. Y revisando lo que he escrito hasta el momento, he sido consciente de que me he decantado por las historias religiosas y las mitológicas, aunque Duncan diga que soy bíblica. Dos entradas literarias, Ofelia y La Celestina, y pare usted de contar.
Quizá se deba a mi alma frívola esta selección de temas. Y ha tenido que ser la luz de Ámbar, que según la astrología es la piedra de mi horóscopo, la que me ha inspirado esta creación.
La protagonista de mi historia no es una diosa ni una virgen mártir. No viste sedas ni luce desnuda. No pasa el tiempo huyendo del amor ni amañándolo. No se ahoga en un río desolada ni danza para un rey déspota. No ha salvado a su pueblo ni ha sido deseada por viejos caducos. No recibe semen dorado ni dirige ejércitos vencedores.
Simplemente trabaja. Ella se levanta cuando el sueño ni la ha rozado para ir a trabajar. Se desmadeja los dedos en una fábrica textil. Se vuelve jabón y hielo revolviendo trapos sin color. Se tizna los ojos de carbonilla y las entrañas de humo. Ella es una mujer, una niña, una trabajadora del siglo XIX. ¡Ha llegado la Revolución Industrial! ¡Viva la revolución! ¿Para quién?
"Trabajo en el pozo de Gawber. No es muy cansado, pero trabajo sin luz y paso miedo. Voy a las cuatro y a veces a las tres y media de la mañana, y salgo a las cinco y media de la tarde. No me duermo nunca. A veces canto cuando hay luz, pero no en la oscuridad, entonces no me atrevo a cantar. No me gusta estar en el pozo. Estoy medio dormida a veces cuando voy por la mañana. Voy a escuela los domingos y aprendo a leer. (...) Me enseñan a rezar (...) He oído hablar de Jesucristo muchas veces. No sé por qué vino a la tierra y no sé por qué murió, pero sé que descansaba su cabeza sobre piedras. Prefiero, de lejos, ir a la escuela que estar en la mina”.
Quizá se deba a mi alma frívola esta selección de temas. Y ha tenido que ser la luz de Ámbar, que según la astrología es la piedra de mi horóscopo, la que me ha inspirado esta creación.
La protagonista de mi historia no es una diosa ni una virgen mártir. No viste sedas ni luce desnuda. No pasa el tiempo huyendo del amor ni amañándolo. No se ahoga en un río desolada ni danza para un rey déspota. No ha salvado a su pueblo ni ha sido deseada por viejos caducos. No recibe semen dorado ni dirige ejércitos vencedores.
Simplemente trabaja. Ella se levanta cuando el sueño ni la ha rozado para ir a trabajar. Se desmadeja los dedos en una fábrica textil. Se vuelve jabón y hielo revolviendo trapos sin color. Se tizna los ojos de carbonilla y las entrañas de humo. Ella es una mujer, una niña, una trabajadora del siglo XIX. ¡Ha llegado la Revolución Industrial! ¡Viva la revolución! ¿Para quién?
"Trabajo en el pozo de Gawber. No es muy cansado, pero trabajo sin luz y paso miedo. Voy a las cuatro y a veces a las tres y media de la mañana, y salgo a las cinco y media de la tarde. No me duermo nunca. A veces canto cuando hay luz, pero no en la oscuridad, entonces no me atrevo a cantar. No me gusta estar en el pozo. Estoy medio dormida a veces cuando voy por la mañana. Voy a escuela los domingos y aprendo a leer. (...) Me enseñan a rezar (...) He oído hablar de Jesucristo muchas veces. No sé por qué vino a la tierra y no sé por qué murió, pero sé que descansaba su cabeza sobre piedras. Prefiero, de lejos, ir a la escuela que estar en la mina”.
Declaraciones de la niña Sarah Gooder, de ocho años de edad. Testimonio recogido por la Comisión Ashley para el estudio de la situación en las minas, 1842.